Puntos suspensivos: Yayoi Kusama en el Malba


Fotografía: Bárbara Flores Lugo

Yayoi  Kusama. Fotografía de 1968. Autoborramiento por puntos. Fotografía tomada en el Malba por Bárbara Flores Lugo

  El punto, ¿qué es?

  Puede ser muchas cosas al mismo tiempo: desde un signo de puntuación hasta un lugar en el espacio. En diseño, se trata de la mínima expresión gráfica producto del encuentro entre el lápiz y el papel. El punto, repetido infinidad de veces en diversos colores, tamaños y texturas, es el elemento visual que Yayoi Kusama (Matsumoto, 1929) eligió para representar su obra.

   La primera muestra en América Latina de Kusama es presentada a los medios argentinos e internacionales como un recorrido por los sesenta años de trayectoria artística de una mujer que encontró en el arte un camino para controlar y canalizar los efectos de sus patologías mentales.

   Desde su inauguración (29 junio) hasta el día de hoy ha sido un evento tan obsesivo para los porteños que se ha hecho inevitable cuestionar, desde una postura un poco obstinada, lo siguiente: ¿desde hace cuánto la gente se interesa tanto por el arte?, ¿qué es lo que realmente atrae: el arte de una mujer que eligió vivir en un sanatorio o que haya sacado una colección con Louis Vuitton?

   Un día, entre semana, decido dejar de postergar mi visita al Malba y llego con la falsa esperanza de no hacer cola para entrar. Al ingreso dan, junto al boleto, unos stickers con puntos a lo Kusama y comienzo a ver que muchos de los asistentes se los pegan por todos los lados del cuerpo sin pensar en vergüenza alguna. Ante esto aparece en mi cabeza otro cuestionamiento hostil: “¿la gente viene por los stickers?” Sea como sea, no deja de llamarme la atención la cantidad de gente interesada en una muestra artística. Es un acontecimiento raro, incluso tratándose de una ciudad tan activa culturalmente como Buenos Aires.

   La exhibición es un pequeño pero muy completo recorrido por las seis décadas de trayectoria de la artista que incluye pinturas, esculturas, videos e instalaciones, repartido en dos salas: una que se encarga de hacer el recorrido por sus obras anteriores y otra que lo hace con las recientes.

Fotografía: Bárbara Flores Lugo

Serie de pinturas que Yayoi Kusama realizó entre 2009 y 2012.
Fotografía: Bárbara Flores Lugo

   Cuando subo las escaleras y entro en la primera la sala, todos mis cuestionamientos hostiles se reemplazan, automáticamente, por mi primera impresión: el disfrute.  Las obras se presentan, cada una, por sí mismas, haciéndose innecesaria la escasa información que el museo facilita. A medida que sigo caminando, llaman la atención las pinturas abstractas en las que el punto comienza a protagonizar, luego una serie de esculturas que representan diversos tamaños de tumores y, finalmente, las instalaciones: un respiro y una experiencia que te hacen pensar en que todo lo que hasta ahora habías visto sobre ella parece ser un ensayo sobre lo que Kusama quería transmitirte como objetivo final. El punto está en todo, incluso en una típica sala de estar. Inmediatamente pienso en las personas que pegaron los stickers en sus cuerpos (¡ellos lo entendieron más rápido que yo!) y en la moda que esto disparó en la ciudad. Se trata de una experiencia visual intensa a través de colores, repeticiones, impresiones, silencios…  se trata de ti pudiendo ser ella.

Sala de espejos del infinito- Campo de falos (o entretenimiento), 1965-2013. Fotografía: Bárbara Flores Lugo

   Cuando eres consciente de lo que esta mujer ha logrado generar, te das cuenta de lo grande que es en su condición de artista: traduce sus vivencias en arte cumpliendo con la principal misión de este, transmitir.

   En la segunda sala, se exhiben, principalmente, pinturas de grandes formatos. Acá hay una Kusama más sencilla, la que le gusta pintar y quiere que tú te impresiones con el atractivo efecto de la combinación de colores brillantes. De hecho, hay una reproducción de la sala de estar del primer piso pero pintada toda de blanco para que los asistentes puedan dejar su huella pegando los stickers.

   Es una muestra en la que, más allá de ver su obra, es inevitable no darte cuenta del efecto que esta causa en los asistentes.

   No olvidemos que es una artista de la generación pop que aún se encuentra con vida y puede gozar de los frutos económicos del arte. A mi parecer esto está reflejado en esta segunda sala: disfruta ser artista y vivir de ello. Algo está pasando actualmente en las movidas artísticas y debemos estar atentos: Marina Abramovic hace performances con Lady Gaga y, en el caso de Kusama, trabaja con diseño de modas con la casa Louis Vuitton. Quizás debemos expandir la mirada y darnos cuenta de que todo lo que nos rodea es valorable en sí mismo, está señalado por un punto, está llamando nuestra atención y debemos responder a ello.

Yayoi Kusama Obsesión infinita

Acerca de Bárbara Flores Lugo

(Caracas, 1986). Licenciada en Letras por la Universidad Católica Andrés Bello. Ha sido incluida en la antología poética La Imagen, el verbo (UCAB 2006). Actualmente vive en Buenos Aires y se desempeña como Creativa para agencias publicitarias y productoras audiovisuales.
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