Reflexiones a partir de la Fuente de Marcel Duchamp


Los contempladores son los que hacen los cuadros

Marcel Duchamp

   julian-wasser-marcel-duchamp-fountain-1963   Si tuviera que asociar el arte con una palabra, utilizaría el término pluralidad, debido a que existen tantas propuestas como artistas. Sin embargo, hay quienes insisten en ver al arte como una producción excelsa, como un oficio serio, como aquello que debe producir obras grandiosas y bellas que logren elevar el espíritu de los espectadores. Quien crea que el arte es así, creerá también que el agua que corre por el río es siempre la misma.

   En 1917, Marcel Duchamp (1887-1968) presenta una fuente bajo el seudónimo “R. Mutt”“R. Mutt” 1, nombre de un fabricante de sanitarios neoyorquino, a la Sociedad de artistas independientes de Nueva York, con la intención de participar en un concurso del que el mismo Duchamp era jurado. Por supuesto que el rechazo no se hizo esperar: ¿cómo aceptar un urinario como propuesta artística? 2 Más aún: ¿cómo premiarlo en un concurso? Legitimar aquello era avalar un absurdo. Hoy en día la propuesta de Duchamp sigue provocando rechazo o fascinación. Artistas, críticos, historiadores o museógrafos ya no pueden obviarlo. El Centre Pompidou de París, donde la obra se exhibe, evidencia que el arte no puede escapar de la provocación de Duchamp. La fuente está allí como una revolución que, curiosamente, se ha mantenido en el tiempo, como un francotirador que apunta a los más conservadores.

   Comúnmente escuchamos que tanto la intención como la finalidad del arte deben ser estéticas. Sin embargo, la vanguardia arrasará con cualquier resabio de lo bello, de aquello que se produce por y para la belleza. A las vanguardias no les interesa mostrar algo de tal estilo. Se sobreentiende muy a pesar de sus posturas, dice Eco (2006) en la Historia de la belleza, que las obras son bellas. Pero, ¿podríamos decir que una obra como el urinario de Duchamp es producto de una intención y finalidad estéticas? No. De hecho, quisiéramos resucitar las palabras de Paz (1978) en su obra Apariencia desnuda cuando dice que: “Sería estúpido discutir acerca de su belleza o fealdad, tanto porque están más allá de belleza y fealdad como porque no son obras sino signos de interrogación o de negación frente a las obras.” (p. 31)

   Marcel Duchamp desmantelará el pedestal en donde se encontraban la belleza y el arte. Si se creía que el buen arte debía imitar la naturaleza y hacer de ella algo perfecto, el pintor de ideas ―como lo llamará Octavio Paz— nos mostrará que el arte no tiene por qué imitar la naturaleza, ni la realidad, o peor aún, ni siquiera tiene por qué representar algo. El arte para Duchamp no es ni imitación ni representación. La Fuente, que propone como objeto a ser contemplado por espectadores, no encaja dentro de estos paradigmas. El urinario no es un objeto realizado por Duchamp; solo la idea es suya, lo demás, producto de una máquina que lo elabora en serie. Bajo esta perspectiva, se anula la idea del objeto artístico como uno que posee, a palabras de Benjamín (1989) en La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica, un aura 3. La Fuente no  puede tenerla porque está reproducida masivamente. Este urinario que Duchamp nos presenta no es atípico, ni especial: es igual a los otros.

   El mismo artista reconoce que lo que muestra al público espectador es un objeto, lo demuestra cuando le coloca el nombre de ready-made que significa ‘ya hecho’, a las propuestas realizadas entre los años 1913 y 1921. Para definir mejor qué son los ready-made, volveré a traer las palabras de Paz (1978):

Los ready-made son objetos anónimos que el gesto gratuito del artista por el solo hecho de escogerlos, convierte en obras de arte. Al mismo tiempo, ese gesto disuelve la noción de “objeto de arte”. La contradicción es la esencia del acto; es el equivalente plástico del juego de palabras: éste destruye el significado, aquél la idea de valor. Los ready-made no son anti-arte como tantas creaciones modernas sino a-rtísticos [sic]. Ni arte ni anti-arte sino algo que está entre ambos, indiferente, en una zona vacía. (op.cit. p. 31)

   Entonces, desde el mismo nombre de sus producciones se acentúa la actuación del artista como creador de la idea; no del objeto.

Fuente, 1917/1964. Barro blanco cubierto de cerámica y pintura. 63 x 48 x 35 cm. Colección Centre Pompidue, Francia.

   En otra línea de pensamiento, llama la atención un rasgo peculiar en la obra: el urinario está volteado, gesto que no debe parecernos absurdo, y menos viniendo de alguien que quiere trastocarlo todo, que quiere provocar hasta el último momento. Duchamp coloca el urinario al revés, al mismo tiempo que cambia la noción tradicional del arte.

   El artista intenta romper la convención, pero con ello abre una nueva interrogante: ¿es que acaso, todo puede ser arte? Personalmente,  creo que desde el mismo momento en el cual el objeto se extrae de su lugar de origen o de funcionamiento y se lleva a un museo, se carga de interrogantes que deben ser interpretadas.

   Al plantear la posibilidad de que todo objeto sea una obra de arte se rompen todas las barreras que separaban a esta disciplina de la vida misma. Ahora lo que pertenece a esta se lleva, sin mediación alguna, al terreno artístico y viceversa, pues Duchamp llega a dictaminar que del arte también se pueden llevar obras a la vida. Así lo confirma cuando propone que se utilice un cuadro de Rembrandt como mesa de planchar, con lo cual una obra realizada desde, por y para la estética, se transforma en un objeto que vale solo por su utilidad.

   Duchamp no muestra el urinario como un postulado con el deber de ser aceptado o negado, sino como algo que debe convertirse en un estímulo que genere pensamientos. Es un objeto que debe verse más allá de los sentidos, es decir, como una invocación al intelecto. Paz (1978) recalca:

Subrayo la distinción entre arte e idea de la obra porque lo que denuncian los ready- made y los otros gestos de Duchamp es la concepción del arte como una cosa –la “cosa artística”- que podemos separar de su contexto vital y guardar en museos y otros depósitos de valores. (op. cit. p. 100)

   El artista descontextualiza el artefacto; es decir, lo extrae del lugar en donde la “cosa” deber funcionar. Un objeto, como el urinario, está hecho para permanecer en un lugar específico, no en otro. El pintor de ideas lo extrae como quien se muda de una casa, pero con la mudanza permanece implícita la creencia de que el objeto utilitario se convierta en uno estético. No obstante, el espectador de una obra como esta no siempre se muestra receptivo, pues usualmente un urinario no es visto bajo una óptica estética por el simple hecho de encontrarse en un museo, una galería o un centro cultural. Duchamp debe ir en contra del animal de costumbre, debe despojarlo de sus hábitos, de sus convenciones, debe hacerlo creer algo en lo que jamás ha creído.

   Igualmente, es importante agregar que el hecho de que esta obra no se aprecie como un objeto estético radica también en que nosotros, como espectadores, sabemos que la Fuente no se concibió con esta pretensión. El urinario, hecho por una máquina tiene una función específica: servir de depósito para los desechos líquidos ―específicamente los masculinos―. Esta es la razón por la cual los espectadores no conciben el objeto como una obra de arte, pues ellos saben muy bien bajo qué finalidad fue concebido. Y debe recordarse que en más de una ocasión se ha dado por sentado que sin intención estética no existe el arte. Así se pensó con el urinario: ya que no tiene tal propósito, no puede ser arte. Lo que hace precisamente Duchamp es desacralizar tal idea y mostrar que aunque la obra no se conciba con tal intención, igualmente es arte y eso es lo que importa.

   Asimismo, el planteamiento anterior debe ser enlazado con el siguiente: existe todo un problema de naturaleza lingüística girando alrededor de la Fuente de Duchamp. La palabra urinario —o el signo― está asociado con una imagen y esta es la que se nos presenta. Ahora, la sustancia o el significado de esos signos son conocidos universalmente. En  tanto, la gente sabe perfectamente qué es y para qué sirve ese objeto y no va aceptar que se subvierta la arbitrariedad lingüística. Por lo tanto, el espectador reconoce el urinario como urinario; no como objeto de arte. En tal sentido, también habrá una proyección de nuestra experiencia sobre el objeto que tenemos enfrente. Paz (1978) opina lo siguiente sobre Duchamp:

Su fascinación ante el lenguaje es de orden intelectual: es el instrumento más perfecto para producir significados y, asimismo, para destruirlos. El juego de palabras es un mecanismo maravilloso porque en una misma frase exaltamos los poderes de significación del lenguaje sólo para, un instante después, abolirlos más completamente. (op. cit. p. 19)

   Empieza aquí el juego. Justamente en el mismo acto de nombrar, Duchamp utiliza un término que, en primera instancia, está asociado con el objeto ornamental que se ubica en las plazas públicas, y por medio del cual el agua está constantemente fluyendo; es decir, que aquí fuente solo concuerda en el sentido de permitir la salida y la distribución de las aguas. Así tiene sentido el título. Pero ya sabemos que el artista busca abolir los significados. Es por ello que Duchamp juega con la arbitrariedad del nombre. Utiliza el término fuente, en vez de otro más apropiado, más certero, más exacto. Y bajo este coloca un objeto como obra de arte. Es una fuente lo que en realidad no lo es. Realiza, entonces, un acto de bautismo: el artista otorga arbitrariamente un nombre. La convención del lenguaje es la misma que utiliza en el acto de la creación artística donde bautiza un objeto como obra de arte.

   Es evidente que la obra de Duchamp muestra una estética de choque; no solo por ir en contra de la noción edificada y solidificada de lo que debe ser un objeto bello sino que, más allá de eso, la propuesta en sí misma nos hace pensar en el hombre que no se detiene a contemplar lo común y ordinario. Sería absurdo ir a un baño y ver que alguien está contemplando el retrete, el lavamanos o el secador de manos. Y lo sería, porque los baños, a diferencia de los museos, están concebidos como lugares de paso. Sin embargo, vemos que con el urinario, el artista está haciendo que el hombre se detenga a mirar y contemplar aquello a lo que jamás prestaría mayor atención en su cotidianidad. Definitivamente, los sujetos no les prestan mayor atención a los objetos que utilizan diariamente. Reiteramos, entonces, que no hay en la obra de Duchamp un canon de belleza, pero sí un modelo de conocimiento. En tal sentido, ese simple urinario tiene una propuesta artística que va más allá de lo que podemos apreciar a través de la sensación. Paz (1978) dice al respecto:

Para Duchamp el buen gusto no es menos nocivo que el malo. Todos sabemos que no hay diferencia esencial entre uno y otro –el mal gusto de ayer es el buen gusto de hoy- pero, ¿qué es el gusto? Lo que llamamos bonito, hermoso, feo, estupendo o maravilloso sin que sepamos a ciencia cierta su razón de ser: la factura, la fabricación, la manera, el olor –la marca de fábrica. (op. cit. p. 32)

   Otros de los aspectos inherentes a la propuesta de Duchamp están relacionados con la profunda ironía que plantea el artista y con el carácter lúdico de la obra y de su autor. Sin dudarlo, es una ironía que Duchamp, en el concurso que hemos citado al inicio, se haya colocado el nombre de un fabricante de sanitarios. Es decir, que coloca al artista en la misma posición de un trabajador de fábricas. Tal asunto es irónico, pero también plantea la posibilidad de que el mismo fabricante sea un artista. Lo que significa que el proceso es bidireccional. Por otro lado, no es menos irónico que un urinario sea una propuesta artística y menos aún que se lleve a un museo.

   En cuanto al carácter lúdico, cabría decir que Duchamp ve el arte como un juego en el que se van cambiando las piezas, cual trozo de rompecabezas en donde el jugador no busca calzar el pedazo donde debe ir, sino más bien amoldarlo al sitio que el sujeto escoja. O quizás debería colocarse el ejemplo del ajedrez, disciplina a la que Duchamp dedicó lo que le quedaba de vida. Asunto que también ameritaría decir que no solo el arte fue un juego para Duchamp; también su vida lo fue, pues dejará de ser un artista jugador para convertirse solo en un jugador de ajedrez. Por lo que, si estuviera vivo, estaría jugando en este preciso momento en el que yo reflexiono sobre su obra. El pintor de ideas, el provocador, el francotirador del arte ha jugado con todos nosotros y seguro estará riéndose de que todavía, después de más de noventa años, su Fuente siga suscitando reflexiones en la mente de los contempladores que hacemos los cuadros.

marcelduchamp

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Benjamin, W. (1989). Discursos interrumplidos. (J. Aguirre, Trad.). Buenos Aires: Taurus.

Eco, U. (2006). Historia de la belleza. (7ª. ed.). (M. Pons, Trad.). Milán: Lumen.

Paz, O. (1978). Apariencia desnuda: la obra de Marcel Duchamp. Madrid: Ediciones

       Era.


1 Podría decirse que lo único que hace Duchamp es firmar la obra con un seudónimo.  Tal asunto es peculiar porque esto podría hablarnos de varias cosas. La primera, sobre aquella cultura suburbana que se apropia de los objetos comunes y de propiedad colectiva para rayarlos a través de una suerte de graffiti. Segundo, poner el nombre en un objeto, implica apropiarse de él, atribuírselo como si le perteneciera. Se trata también de dejar plasmada la identidad sobre la “cosa”para que la gente, al ver el nombre, lo identifique con una persona. En los baños públicos, es usual ver cómo la gente raya el espacio, las paredes, los techos, los objetos. Esto habla entonces de una subcultura. Pero por el otro lado, al ponerle un nombre, hace lo que todos los artistas cuando terminan su obra: decir que la han hecho ellos. Lo más irónico del asunto es que lo único que Duchamp hizo fue rayarlo con un seudónimo. En el sentido más estricto del término, Duchamp solo sería autor del nombre.

2 Los pintores cubistas incorporaron también objetos cotidianos al arte. Artistas como Pablo Picasso, Braque o Juan Gris, lo hicieron a través de collages mediante los cuales demostraron que se podía hacer arte con cualquier objeto. Ya en ellos hay un antecedente de la incorporación de lo utilitario, de lo cotidiano. No obstante, es evidente que la provocación de Duchamp fue mayúscula.

3 Hay quienes piensan que ese urinario de 1917 ya es un objeto “aurático”. Sin embargo, cuando Duchamp lo presentó no tenía ni un ápice de aura, no podía tenerlo por haber sido algo fabricado en serie. Hoy en día, el urinario que está en el Centre Pompidou ni siquiera es el objeto de arte que presentó Duchamp en aquel entonces. Ha sido reemplazado por otro,  pero es obvio que esa réplica hace referencia al original y a los miles de urinarios que existen. Así como Duchamp agarró este objeto, pudo haberlo hecho con otro, y a fin de cuentas, para nosotros, el objeto cotidiano, al que la obra alude directamente, sigue siendo algo anodino que solo tiene fines prácticos y no estéticos.

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Acerca de Krislia Grimán

Caracas (1988). Licenciada en Letras por la Universidad Católica Andrés Bello. Ha cursado diversos estudios en artes, entre los que destaca la realización del Diplomado Avanzado en Historia del Arte Occidental en el CELAUP-UNIMET. También realizó el Diplomado en Edición dictado por Cavelibro y la UCV. Es coautora del libro de Educación Artística para Segundo Año, publicado por la Editorial Santillana en Venezuela. Igualmente, ha ejercido como docente de educación media, en las áreas de Castellano y Literatura. Actualmente cursa la maestría en Artes Plásticas: historia y teoría en la Universidad Central de Venezuela.
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3 respuestas a Reflexiones a partir de la Fuente de Marcel Duchamp

  1. andrea dijo:

    buenas moches debo hacer un trabajo acerca de las criticas de la obra ” La Fuente”, quiero saber si lo q aparece aqui es una critica y los criticos son los creadores del blog. gracias

  2. rafah dijo:

    Duchamp demostró (a sabiendas o no) que somos unos idiotas y que la belleza de una obra de arte radica en el precio que estemos dispuestos a pagar por ella. Andy Warhol lo confirmó.

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